Haz llegado, pisando las fuentes
Y encadenaste la sombra a mi destierro,
A tus talones, a la certeza de tu muerte
Me haz comprobado la agonía
De esta lentitud
En que des-ando, el propio tejer de las lumbreras
De los postes raídos como harapos
O estandartes que dirigen sus derrotas
A mis muros
A la ciudad quemada
Como presentes llevados de la boca
Al rotundo vacío de lo extraño.
Permíteme callar,
Ahora decir de lo que muere
De lo quebrado y sin pulso
De la no resistencia a las pelotas
A las monedas, las lunas o los niños
Es decir, a la desgracia, tu desgracia
El final rechinante, la fluctuación del orden
La irreverencia contenida en cada náusea
La risa que escapa de las rejas,
De las paredes húmedas...
Vagabundos y rasantes inquilinos.
Ahora, presénciame
Soy pellejo de los claustros
Asesino de insectos, decatlón de cortaduras
Inmortal suicida.
Ya no me aferro a nada
Tan sólo al cigarrillo
A su exhalación de mí por los aires
Y al viajar de ese polvo
Como terral en una esfera sellada al vacío.
Así, mi continuidad inútil
El final de toda posible algarabía
Al verte llegar… por fin.
Cinco poemas de Odette Amaranta Vélez Valcárcel
Hace 4 semanas

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